¿Pa’ qué Feria del Libro?
Claudio A. Mora García | chapunosky@gmail.com
Estudiante de Economía, UCR.
Escritor asociado a EyP.
Confieso que he caído, nuevamente, en tentación: no he podido encontrar fortalezas para negar la seducción de la multiplicidad de escritores, editoriales, historias, y géneros que pude encontrar en la Feria del Libro. El vicio de la lectura, combinada a una pasión por los libros y el arte, es una combinación poco rehusable; menos cuando se conglomeran todos en un mismo día y lugar.
Qué ‘ta mal. A pesar de sus ventajas, la Feria del Libro me ha dejado mucho que desear.
Ciertamente, el diseño de la actividad ha respondido a uno de sus objetivos principales: incentivar la lectura. Y la estrategia que se ha aplicado es muy correcta: ofrezcamos la mayor diversidad posible, al mejor precio (¡ofrecían los libros con descuentos de hasta un 25%, y en ocasiones los regalaban!), sin descuidar la calidad de la escritura, las editoriales, los autores, los vendedores, y el ambiente en el que se desarrolla la actividad.
Pero… ¿en dónde quedó el incentivar la escritura? ¿En dónde el impulsar la lectura, pero de autores nacionales? Es decir, estamos de acuerdo en que los libros de Jorge Debravo, Joaquín García Monge, y José León Sánchez saltaban a mi vista. Pero ¿dónde dejamos a los escritores nacionales independientes?
Los pequeños grandes. Mientras caminaba, me sentí tan bien entre la compañía y los libros que solo pude detenme una única vez. Afortunadamente (o… desafortunadamente) al detenerme y volver a ver hacia un vacío que había en la pared, pude observar una imagen que se me ha quedado incrustada en mi recuerdo:
Una costarricense, mostrando en su espacio de, si acaso, un metro de frente, sus 20 distintos libros. Todos escritos por ella. ¡Un metro de ancho! Cuando las otras librerías tenían casi un 1.000% más. Este es un caso, pero probablemente otra cantidad significativa de autores nacionales independientes ni intentaron asistir por múltiples razones (una de ellas la falta de dinero).
Desarrollo solidario. Indirectamente, por medio del cobro del espacio, se les ha dificultado el acceso a la Feria de Libro. Y bajo el requisito de ser un escritor rentable para costear el espacio, hemos decidido borrar del panorama a nuestras empresas nacionales. Luissiana Naranjo toca el tema en la sección Cartas a la Columna el día 14 de junio del 2008 y, posteriormente, el 27 de junio del 2008.
No logro entender ¿en qué punto nos hemos desviado de nuestro norte de solidaridad con las empresas, para sustituirlo por una ambición por los dólares? ¿El ayudar a la microempresa para que pueda desarrollarse y explotar su potencial? ¿Qué ha sucedido con el fomento al escritor nacional? ¿Nos hemos relegado a aceptar que los otros son mejores?
No quiero cuestionar el gran esfuerzo de incentivar la lectura, lo que sí deseo es llamar la atención para que el próximo año se busque alguna forma de promocionar de mejor forma al escritor nacional independiente. Por ejemplo, que se facilite alguno de los espacios vacíos que se estaban desperdiciando para albergar un stand de tamaño decente, siempre y cuando se promocione un grupo considerable de escritores nacionales independientes.
El mercado, sin duda alguna, es muy bueno en su tarea de asignación de recursos, pero hay muchas veces en que puede terminar metiendo la pata. Por ello ocupa regulaciones. Si no proporcionamos las regulaciones apropiadas, se podría terminar como en la Feria del Libro: vendiendo obras extranjeras y olvidándonos de las nacionales.